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Número 2, segundo semestre 1999
Natalia Chavarri
Lectura Labial e implantes cocleares
La lectura labial constituye una de las herramientas
de apoyo más importantes en la recuperación de los
sordos postlocutivos que han recibido un implante coclear. La profesora
Natalia Chavarri analiza las características y condiciones
de uso de esta técnica.
Se entiende por lectura labial la capacidad
de leer en los labios y en la expresión de la cara de nuestro
interlocutor aquello que, sin ser oído, es comprendido.
En realidad, leer los labios equivale a leer un libro. Nuestra mente
está recibiendo información igual que si estuviésemos
leyendo palabras escritas. La diferencia estriba en que a esa información
le añadimos una voz, hasta el punto de que, muchas veces,
esa voz puede resultar tan real que no sepamos si la hemos oído
o solamente la hemos leído en los labios.
Sin embargo, aunque de hecho es en los labios donde leemos, si nos
dieran sólo la imagen de una boca hablando, con el resto
de la cara tapada, tendríamos una gran dificultad para leer
lo que dice esa boca. Necesitamos el complemento de la expresión
de los ojos y el resto de los movimientos faciales para entender
verdaderamente lo que se nos dice.
Mirar a la persona que habla no es un reflejo exclusivo del individuo
que oye mal. Cualquiera que esté de verdad interesado en
lo que está diciendo su interlocutor, aunque le oiga perfectamente,
le mirará a la cara mientras hable; no sólo como muestra
de atención, sino también porque un gesto expresivo
puede decir más que cien palabras.
¿Quienes la necesitan?
El aprendizaje de la lectura labial
se centra más bien en los sordos postlocutivos, ya que el
sordo de nacimiento suele adquirir el dominio de la labiolectura
espontáneamente.
Cuando una persona empieza a perder audición lo primero que
nota es que no entiende bien las palabras y cree que su interlocutor
está hablando demasiado bajo. En ocasiones tarda algún
tiempo en darse cuenta de que está oyendo menos de lo normal,
ya que su pérdida puede afectar solamente a sonidos graves
o agudos, en tanto que otros sonidos los sigue percibiendo perfectamente.
Por otra parte, una sordera con un proceso de desarrollo lento es
difícil de detectar, ya que el cerebro del afectado se va
acostumbrando de forma paulatina a oír más bajo, hasta
el punto de que el interesado no se da cuenta de su incipiente sordera
y son las personas que le rodean las que lo perciben antes que él.
Es el momento de acudir al otorrino, de averiguar la causa, el proceso
y la gravedad que puede suponer esa pequeña falta de audición
que, en muchos casos, puede ser reversible y en otros, desgraciadamente,
progresiva.
La sordera leve progresiva, sin solución quirúrgica,
requiere prótesis y un apoyo de lectura labial. Generalmente,
el paciente que con una prótesis resuelve su falta de audición
no está interesado en la rehabilitación, pues cree
que su problema está resuelto. Él oye bien con su
aparato y punto. Pero la sordera suele aumentar, el aparato se puede
romper, y entonces aparece la incomunicación y la angustia.
Rehabilitación
El apoyo de la lectura labial resulta
básico para aquellas personas postlocutivas que han recibido
un implante coclear. De lo contrario, el implante les será
de muy poca utilidad, sobre todo en los primeros meses, ya que oirán
lo que les dicen pero no lo entenderán.
Aunque normalmente los implantados tardan muy poco tiempo en ordenar
y recordar los sonidos ambientales o los que emiten los animales,
la palabra hablada depara unas dificultades específicas.
Un perro ladra más o menos como otro perro, pero las voces
de los seres humanos tienen tal diversidad de matices que el cerebro
del implantado necesita mucho tiempo para separarlos, reconocerlos
y, sobre todo, darles un significado comprensible.
Si el implantado es un buen labiolector, desde el primer momento
tendrá una gran ventaja, ya que los sonidos que percibe al
ser leídos le llegarán con una facilidad asombrosa.
De esta manera, poco después ya podrá entender sin
necesidad de mirar los labios.
Limitaciones
Como cualquier otra técnica,
la lectura labial adolece de algunas limitaciones. Existen fonemas
guturales, como la K?Q?G?J, que no se reflejan en los labios y es
preciso colocarlos a base de suplencia mental, algo que el labiolector
debe tener muy desarrollado. También existen fonemas gemelos
difíciles de distinguir entre ellos, como la M?P?B?L?N, que
pueden prestarse a confusiones. Hay palabras que se visualizan exactamente
igual, como "hago" y "ajo" o "quema"
y "gema". Si las personas oyentes confunden a veces una
palabra con otra, cuánto más fácil es que esto
le suceda a un labiolector.
En general, la lectura labial es una herramienta que necesita una
gran dosis de suplencia mental, imaginación, agilidad visual,
un extenso vocabulario y una buena vista. Desgraciadamente, no todo
el mundo posee estas cualidades y aunque necesiten esta herramienta,
nunca llegan a dominarla completamente. Además, y salvo excepciones,
la mujer aprende mejor que el hombre, quizá por ser más
sensitiva y el hombre más práctico.
Consejos prácticos
Una persona que oye poco o mal, tiene
unas limitaciones que no tiene otra que oye perfectamente. Estas
limitaciones pueden quedar en parte solventadas por una buena lectura
labial. Hay labiolectores tan hábiles que la gente se olvida
de su sordera y, en consecuencia, le hablan inadecuadamente. He
aquí algunas recomendaciones básicas para oyentes
que se dirigen a labiolectores.
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La luz debe ser buena
y el rostro de la persona que habla perfectamente visible, nunca
a contraluz. |
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La persona que habla
debe estar quieta. No debe comer ni fumar y, menos aún,
taparse la boca mientras habla. |
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Se puede hablar de perfil
y también mientras se camina por la calle. Un buen labiolector
tendrá la capacidad de seguir la conversación
con el rabillo del ojo. |
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Cuando se está
en un grupo de más de cinco personas hay que procurar
no hablar a la vez. |
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Si una palabra no es
comprendida se debe cambiar por un sinónimo o bien alterar
la estructura de la frase. |
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Hay que tener cuidado
con las palabras nuevas o en otro idioma. El labiolector sólo
puede leer las que ya conoce, aunque si tiene experiencia puede
deletrear una desconocida. |
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No hay que mostrar nunca
señales de impaciencia si no se es entendido al primer
intento. |
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