|
Historia de Nicolle, una valiente niña
peruana
Nicolle Espinoza vino de muy lejos; nada menos
que de Piura, la ciudad más antigua del Perú. El pasado
3 de febrero, ella y su madre cogieron por primera vez un vuelo
internacional que las trajo hasta Barcelona. Vinieron para hacer
realidad un sueño, que Nicolle pudiera oír. Ésta
es la historia de esta valiente niña peruana y es, también,
la historia de un hermoso testimonio de solidaridad.
Nicolle Espinoza vino al mundo hace cinco
años en Piura, una ciudad del norte del Perú. La pequeña
Nicolle nació con una hipoacusia bilateral profunda que le
impedía oír. Sus padres, que siempre lucharon para
que la pequeña llevase una vida lo más parecida posible
a la de sus dos hermanas, conocieron a través de Internet
la existencia del implante coclear y de inmediato adoptaron la decisión
de hacer todo lo necesario para que Nicolle pudiera beneficiarse
de él.
Después de muchos esfuerzos, y gracias a la ayuda de la Fundación,
la pequeña Nicolle tuvo por fin su primer encuentro con los
doctores García-Ibáñez el pasado 4 de febrero,
quienes fijaron la intervención para tres días más
tarde. Mientras, la logopeda de la Fundación se encargaba
de preparar a la niña para la operación. Todos los
que tuvieron la oportunidad de conocerla descubrieron en Nicolle
a una niña tranquila y obediente, pero también de
una gran valentía, a la que nunca se la vio llorar pese a
sus escasos cinco añitos.
Finalmente, llegó el día señalado. A las nueve
de la mañana, Nicolle y su madre estaban ya en la clínica
del Pilar. Pero no estaban solas. Dos implantadas de la Fundación,
la pequeña Aida Gabriela, Gabi, y María Camuerga,
también quisieron estar ese día junto a Nicolle para
darle su apoyo y transmitirle, en todo momento, serenidad y tranquilidad.
La niña hizo gala desde el principio de una entereza inusual
para su edad. Quieta y obediente, fue haciendo todo lo que le decían.
Antes de pasar al quirófano le esperaba la anestesista, que
con gran simpatía y tacto se ganó en seguida el cariño
de Nicolle, que de su mano, y ya sin su madre, entró en el
quirófano. Fueron dos horas que transcurrieron muy lentamente
para todos los que esperaban fuera, pero la madre de Nicolle no
se encontró sola en ningún momento gracias a la compañía
de María, Gabi y la mamá de ésta.
Cerca ya del mediodía, Nicolle fue trasladada a la habitación
donde, poco a poco, fue recuperándose de la anestesia. Por
la tarde ya había comenzado a sonreír, a preguntar,
a protestar y a pintar. Y a la mañana siguiente se preparaba
para volver a la residencia donde ella y su madre se hospedaban
durante su estancia en España.
Tras la intervención, y a fin de no perder el curso escolar,
Nicolle pasó un mes en un colegio en Zaragoza, donde tuvo
la oportunidad de conocer a otros niños implantados. Finalmente,
el 4 marzo se le adaptó el procesador. Áquel fue un
momento realmente emotivo y la expresión de Nicolle al oír
los primeros sonidos,
verdaderamente indescriptible.
Antes de volver a Perú, Nicolle tuvo que acudir una semana
seguida a la Fundación a fin de que la logopeda le fuera
diseñando el mapa que debía llevar su procesador.
Finalmente, el día 12 de marzo, madre e hija emprendieron
el viaje de regreso a su tierra. Volvían a su hogar llenas
de alegría y esperanza, dejando en todos nosotros un inolvidable
recuerdo.
|