Aída Gabriela
Mariano Cortés
Jennifer Hernández
María Rosa Zoilo
Alfonso Pascual de Riquelme
María Rodríguez
Nicolle Espinoza
Juan Jerónimo Carmona

Historia de Nicolle, una valiente niña peruana

Nicolle Espinoza vino de muy lejos; nada menos que de Piura, la ciudad más antigua del Perú. El pasado 3 de febrero, ella y su madre cogieron por primera vez un vuelo internacional que las trajo hasta Barcelona. Vinieron para hacer realidad un sueño, que Nicolle pudiera oír. Ésta es la historia de esta valiente niña peruana y es, también, la historia de un hermoso testimonio de solidaridad.

Nicolle Espinoza vino al mundo hace cinco años en Piura, una ciudad del norte del Perú. La pequeña Nicolle nació con una hipoacusia bilateral profunda que le impedía oír. Sus padres, que siempre lucharon para que la pequeña llevase una vida lo más parecida posible a la de sus dos hermanas, conocieron a través de Internet la existencia del implante coclear y de inmediato adoptaron la decisión de hacer todo lo necesario para que Nicolle pudiera beneficiarse de él.
Después de muchos esfuerzos, y gracias a la ayuda de la Fundación, la pequeña Nicolle tuvo por fin su primer encuentro con los doctores García-Ibáñez el pasado 4 de febrero, quienes fijaron la intervención para tres días más tarde. Mientras, la logopeda de la Fundación se encargaba de preparar a la niña para la operación. Todos los que tuvieron la oportunidad de conocerla descubrieron en Nicolle a una niña tranquila y obediente, pero también de una gran valentía, a la que nunca se la vio llorar pese a sus escasos cinco añitos.
Finalmente, llegó el día señalado. A las nueve de la mañana, Nicolle y su madre estaban ya en la clínica del Pilar. Pero no estaban solas. Dos implantadas de la Fundación, la pequeña Aida Gabriela, Gabi, y María Camuerga, también quisieron estar ese día junto a Nicolle para darle su apoyo y transmitirle, en todo momento, serenidad y tranquilidad.
La niña hizo gala desde el principio de una entereza inusual para su edad. Quieta y obediente, fue haciendo todo lo que le decían. Antes de pasar al quirófano le esperaba la anestesista, que con gran simpatía y tacto se ganó en seguida el cariño de Nicolle, que de su mano, y ya sin su madre, entró en el quirófano. Fueron dos horas que transcurrieron muy lentamente para todos los que esperaban fuera, pero la madre de Nicolle no se encontró sola en ningún momento gracias a la compañía de María, Gabi y la mamá de ésta.
Cerca ya del mediodía, Nicolle fue trasladada a la habitación donde, poco a poco, fue recuperándose de la anestesia. Por la tarde ya había comenzado a sonreír, a preguntar, a protestar y a pintar. Y a la mañana siguiente se preparaba para volver a la residencia donde ella y su madre se hospedaban durante su estancia en España.
Tras la intervención, y a fin de no perder el curso escolar, Nicolle pasó un mes en un colegio en Zaragoza, donde tuvo la oportunidad de conocer a otros niños implantados. Finalmente, el 4 marzo se le adaptó el procesador. Áquel fue un momento realmente emotivo y la expresión de Nicolle al oír los primeros sonidos,
verdaderamente indescriptible.
Antes de volver a Perú, Nicolle tuvo que acudir una semana seguida a la Fundación a fin de que la logopeda le fuera diseñando el mapa que debía llevar su procesador. Finalmente, el día 12 de marzo, madre e hija emprendieron el viaje de regreso a su tierra. Volvían a su hogar llenas de alegría y esperanza, dejando en todos nosotros un inolvidable recuerdo.