|
número 4 - segundo semestre 2000
Aprender a pedir ayuda
Escribo estas líneas con el
sincero deseo de que mi experiencia pueda resultar de utilidad para
otras familias que se encuentran en mi misma situación. Tenemos
un hijo adolescente que padece sordera profunda. A través
de un amigo logopeda, conocimos la existencia de una técnica
denominada implante coclear que se venía practicando con
gran éxito desde hace años en el Instituto de Otología
del doctor García-Ibáñez y, de inmediato, solicitamos
hora para que reconocieran a David. Sin embargo, y aunque el diagnóstico
fue muy esperanzador desde el punto de vista médico, nos
causó mucha preocupación, por no decir desánimo,
el alto coste de la intervención. Por supuesto, fuimos informados
de inmediato de la existencia de la Fundación y de su Plan
de Ayuda. Nos fuimos a casa con el protocolo de ayuda en nuestras
manos, dispuestos a rellenarlo. Pero los días pasaban y los
papeles continuaban encima de la mesa. Las dudas eran muchas. Somos
una familia de clase media, y nos preguntábamos si esto nos
hacía o no merecedores de dicha ayuda. Nos inquietaba saber
a quién iba destinada la información económica
que se requería en el protocolo y qué pasaría
con dichos datos. Otra preocupación era saber quién
y con qué criterios se seleccionaba a los posibles candidatos.
Total, que con tantas cavilaciones y tanto darle vueltas al asunto,
no nos decidíamos a coger el bolígrafo, sin darnos
cuenta de que, con todo ello, el único perjudicado era precisamente
nuestro hijo. Y quizá aún estaríamos así
de no ser por la providencial visita de la persona que nos había
dado las primeras informaciones. Cuando le pusimos al corriente
de la situación, su respuesta fue inmediata: ¿Dónde
están los papeles?
Ahora puedo decir, con satisfacción y orgullo, que nuestro
hijo está ya en lista de espera para beneficiarse de este
innovador tratamiento. Nuestras dudas han desaparecido. Sabemos
que nuestros datos son confidenciales y que un riguroso comité
de profesionales valora con justicia las solicitudes. Por eso, desde
aquí quisiera instar a aquellas personas que quizá
puedan haber caído en las mismas dudas que nosotros a decidirse
a contestar el protocolo de ayuda que entrega la Fundación.
La calidad de vida de una persona depende de ello.
Lidia García
<%end if%>
|