numero 8 numero 7 número 6 número 5 número 4 número 3 número 2 número 1

número 4 - segundo semestre 2000

Aprender a pedir ayuda
Escribo estas líneas con el sincero deseo de que mi experiencia pueda resultar de utilidad para otras familias que se encuentran en mi misma situación. Tenemos un hijo adolescente que padece sordera profunda. A través de un amigo logopeda, conocimos la existencia de una técnica denominada implante coclear que se venía practicando con gran éxito desde hace años en el Instituto de Otología del doctor García-Ibáñez y, de inmediato, solicitamos hora para que reconocieran a David. Sin embargo, y aunque el diagnóstico fue muy esperanzador desde el punto de vista médico, nos causó mucha preocupación, por no decir desánimo, el alto coste de la intervención. Por supuesto, fuimos informados de inmediato de la existencia de la Fundación y de su Plan de Ayuda. Nos fuimos a casa con el protocolo de ayuda en nuestras manos, dispuestos a rellenarlo. Pero los días pasaban y los papeles continuaban encima de la mesa. Las dudas eran muchas. Somos una familia de clase media, y nos preguntábamos si esto nos hacía o no merecedores de dicha ayuda. Nos inquietaba saber a quién iba destinada la información económica que se requería en el protocolo y qué pasaría con dichos datos. Otra preocupación era saber quién y con qué criterios se seleccionaba a los posibles candidatos. Total, que con tantas cavilaciones y tanto darle vueltas al asunto, no nos decidíamos a coger el bolígrafo, sin darnos cuenta de que, con todo ello, el único perjudicado era precisamente nuestro hijo. Y quizá aún estaríamos así de no ser por la providencial visita de la persona que nos había dado las primeras informaciones. Cuando le pusimos al corriente de la situación, su respuesta fue inmediata: ¿Dónde están los papeles?
Ahora puedo decir, con satisfacción y orgullo, que nuestro hijo está ya en lista de espera para beneficiarse de este innovador tratamiento. Nuestras dudas han desaparecido. Sabemos que nuestros datos son confidenciales y que un riguroso comité de profesionales valora con justicia las solicitudes. Por eso, desde aquí quisiera instar a aquellas personas que quizá puedan haber caído en las mismas dudas que nosotros a decidirse a contestar el protocolo de ayuda que entrega la Fundación. La calidad de vida de una persona depende de ello.
Lidia García

 

<%end if%>